Santa algarroba
Su copiosa producción de flores menudas y amarillas permiten la existencia de grandes colmenares, favoreciendo la producción de abundante miel de gran calidad. Sus frutos o vainas, conocidas localmente como algarroba, penden de cada rama por millares y son considerados verdaderos regalos de la naturaleza. Contienen un alto porcentaje de proteínas, azúcares (hasta en un 40 %), minerales, fibra y vitaminas (complejo B) esenciales para la nutrición humana y animal. La algarrobina, extracto de gran valor energético obtenido a partir de los frutos hervidos, es recomendado como fortificante y suplemento alimentario. De las semillas de la algarroba se pueden extraer una serie interminable de subproductos.
Todo esto al margen de los beneficios ecológicos que reportan los bosques secos que conforma el algarrobo y las especies asociadas a él: contención de dunas, conservación de aguas y suelos, entre otros. Sin embargo, y aunque parezca irónico, el algarrobo ha venido siendo talado de manera irracional. Junto al guayacán (especie de madera dura apreciada para la ebanistería y la construcción), el hualtaco (usado en la fabricación de parquet), el sapote (para la confección de artesanías) y el palo santo (empleado en la elaboración de cajones para fruta), el pródigo algarrobo literalmente se "hace humo" gracias a la extracción de leña y carbón.
A pesar de existir una docena de dispositivos legales o vedas que prohiben y multan la extracción de madera de los bosques naturales del norte hasta el año 2015, la saca continúa de manera constante. Para colmo, algunos establecimientos de la capital como pollerías, restaurantes y hasta en las bolsas para las cocinas de camping, anuncian "orgullosamente" que sus productos están hechos en base a carbón de algarrobo... sin comentarios. |