por ingrediente:
 
  por nombre de receta:
 
 
 
 
 
Cuentan los antiguos cronistas que unos 500 años atrás, medio siglo antes de la Conquista, el territorio costero del Perú estaba poblado por densos bosques. Se decía incluso que era posible caminar entre uno y otro valle sin dejar la fresca sombra de los árboles. Habían huarangos o faiques, sauces, sapotes, molles y, sobretodo, extensos algarrobales. La fauna silvestre era abundante y variada, los hombres de entonces conocían y aprovechaban los productos del bosque.

Al llegar los españoles y asentarse en la costa, la demanda por leña y carbón se hizo cada vez mayor. Hectáreas y hectáreas de algarrobales eran talados para ser empleados como combustible en las cocinas, las fundiciones y prácticamente en cada herraje. Incluso en las grandes haciendas y encomiendas los tributos podían ser pagados con carbón... los bosques iniciaban un retroceso que continúa hasta nuestros días.

Algunas de estas áreas boscosas, consideradas relictos o manchas aisladas de lo que antes fueron extensos bosques naturales, brindan aún sus beneficios al hombre del norte. Zonas como el Alto Piura, los Cerros de Amotape, Olmos y en especial Batán Grande y Pómac en Lambayeque, conservan áreas importantes de bosques secos, lo que ha hecho que el Estado las designe bajo la categoría de Zonas Reservadas, proporcionándoles -al menos sobre el papel- la protección que merecen.

El algarrobo (Prosopis pallida), al igual que el huarango y el palo verde, pertenece a la familia de las leguminosas, plantas que poseen la particularidad de captar y fijar el nitrógeno en sus raíces, contribuyendo a la mejora de las condiciones del suelo donde habitan. Considerado una verdadera bendición por quienes saben de sus bondades, se establece en zonas desérticas, casi donde ninguna planta logra sobrevivir. Al cabo de varios años, a consecuencia del fenómeno climático conocido como El Niño, las precipitaciones se hacen frecuentes en el desierto. Es entonces cuando las semillas de miles de algarrobos, que habían permanecido latentes sobre la arena, logran germinar.

De pronto, como salido de la nada, un manto verde cubre el desierto. Los pequeños retoños inician su crecimiento penetrando la tierra con una profunda raíz que se desarrolla a un ritmo diez veces más rápido que el de la copa. Descienden hacia el subsuelo en busca de la napa freática. Una vez que la han encontrado no necesitarán más de las lluvias. Es por esto que se pueden observar robustos y saludables algarrobos en los lugares más increíbles del desierto, donde incluso los cactus no logran sobrevivir. Se dice que algunas raíces de algarrobo han sido encontradas a más de sesenta metros de profundidad.

La silueta general del árbol destaca por su forma achaparrada, tronco grueso y retorcido y ramas que crecen en las más extrañas direcciones. Su copa amplia y en forma de sombrero está compuesta por millones de minúsculas hojas compuestas, en lo que podría parecer un bonsai gigantesco. Contrariamente a su apariencia y el inhóspito medio donde vive, el algarrobo no es -para nada- enclenque o frágil. Por el contrario, posee una de las maderas más duras y resistentes del mundo. De gran densidad y hermoso beteado (marrón en la médula y amarillo en la parte exterior), ha sido empleada en la fabricación de parquet y columnas para viviendas. En algunas construcciones y templos prehispánicos pueden verse vigas de algarrobo que perduran hasta el día de hoy.
 

Santa algarroba

Su copiosa producción de flores menudas y amarillas permiten la existencia de grandes colmenares, favoreciendo la producción de abundante miel de gran calidad. Sus frutos o vainas, conocidas localmente como algarroba, penden de cada rama por millares y son considerados verdaderos regalos de la naturaleza. Contienen un alto porcentaje de proteínas, azúcares (hasta en un 40 %), minerales, fibra y vitaminas (complejo B) esenciales para la nutrición humana y animal. La algarrobina, extracto de gran valor energético obtenido a partir de los frutos hervidos, es recomendado como fortificante y suplemento alimentario. De las semillas de la algarroba se pueden extraer una serie interminable de subproductos.

Todo esto al margen de los beneficios ecológicos que reportan los bosques secos que conforma el algarrobo y las especies asociadas a él: contención de dunas, conservación de aguas y suelos, entre otros. Sin embargo, y aunque parezca irónico, el algarrobo ha venido siendo talado de manera irracional. Junto al guayacán (especie de madera dura apreciada para la ebanistería y la construcción), el hualtaco (usado en la fabricación de parquet), el sapote (para la confección de artesanías) y el palo santo (empleado en la elaboración de cajones para fruta), el pródigo algarrobo literalmente se "hace humo" gracias a la extracción de leña y carbón.

A pesar de existir una docena de dispositivos legales o vedas que prohiben y multan la extracción de madera de los bosques naturales del norte hasta el año 2015, la saca continúa de manera constante. Para colmo, algunos establecimientos de la capital como pollerías, restaurantes y hasta en las bolsas para las cocinas de camping, anuncian "orgullosamente" que sus productos están hechos en base a carbón de algarrobo... sin comentarios.

 
 
  Autor: Walter H. Wust.
Copyright © Bienvenida Editores.
 
BIENVENIDA - TURISMO CULTURAL DEL PERÚ
Oficinas ubicadas en Diagonal 550 Dpto. 306 Miraflores
Telefax: 444 6026 - 445 3148
e-mail bienvenida@bienvenidaperu.com
Copyright © 2002 Todos los derechos reservados. Diseño:
Intermedia Service S.A.C.
 
 
 
 
 
 
 
Copyright © 2000 Yanuq S.A. Todos los derechos reservados.